ENCICLOPEDIA de BIODERECHO y BIOÉTICA

Carlos María Romeo Casabona (Director)

Cátedra de Derecho y Genoma Humano

sociología de la salud (Ético )

Autor: GOTZONEMORA TEMPRANO

I. De la sociología de la medicina a la sociología de la salud. 1.1. El surgimiento de la Sociología de la Medicina.—La Sociología de la Medicina se consolidó, como disciplina científica con reconocimiento profesional, en la década de 1960, siendo un área de especialización dentro del ámbito de la Sociología. Sus orígenes se sitúan en EE.UU. y fue a partir de 1930 cuando se afianzó una corriente de investigadores, procedentes de distintos lugares de Norteamérica, quienes comenzaron a estudiar la influencia de los factores socioculturales en la salud humana.
Entre las actividades emprendidas en aquellos momentos podemos citar varios puntos de referencia. La Escuela de Chicago donde se inició un trabajo de campo dirigido por Robert E. L. Faris y H. Warren Dunham sobre las enfermedades mentales y que fue publicado en 1939 con el título Mental Disorders in Urban Areas; la Universidad de Nueva York, en la que un grupo de sociólogos comenzaron la elaboración de materiales para la docencia de la Sociología de la Medicina y, la Universidad de Yale, donde se promovieron y desarrollaron estudios epidemiológicos y antropológicos aplicados a comunidades concretas. En esta misma línea, en 1960 la American Sociological Association incluyó a la Sociología de la Medicina entre sus grupos de trabajo y, en 1966, vio la luz el Journal of Health and Social Behavior, una de las revistas con mayor prestigio científico en el área de las Ciencias Sociales. En un principio, a este campo de la Sociología se le denominó «Sociology of Medicine» o «Medical Sociology» aportando, sobre todo, una serie de métodos y técnicas de investigación que sirvieran a la Medicina y al Sistema Sanitario para prevenir y curar las enfermedades de la época.
El interés por la «Sociology of Medicine» o «Medical Sociology», en el mundo universitario anglosajón propició un crecimiento exponencial de profesionales de la Sociología interesados en el tema. Tanto es así, que hacia 1975 ya existían alrededor de 50 centros superiores en Estados Unidos algunos de los cuales contaban con un prestigio reconocido como era el caso de Yale, Chicago o Harvard y donde se cursaban itinerarios docentes sobre la materia, también incluyendo en los mismos programas de doctorado. Ahora bien, sus enseñanzas se encontraban limitadas a las Facultades de Sociología, a otras Ciencias Sociales o campos afines. En ellas, y utilizando los datos provenientes del ámbito de la Medicina, de sus profesionales o de las Instituciones Sanitarias, se profundizaba en temas relacionados con distintos tipos de desviación social, estructura social o Sociología de la Ciencia.
En este sentido y en su obra «Sociología de la Medicina» (1978), Jesús M. de Miguel refiriéndose a los sociólogos americanos de la época interesados por esta área de especialización señala «ninguno de ellos se integró en las facultades de Medicina, aunque algunas veces acudieron a ellas en busca de datos e información para sus investigaciones. Con la institucionalización de la disciplina los sociólogos (…) se convirtieron en —sociólogos de la Medicina— y enseñaron —sociología de la Medicina—. Esto supuso no sólo el utilizar datos médicos para la demostración de hipótesis sobre la estructura social, educación o teoría sociológica, sino para su aplicación al estudio de problemas netamente médicos».
En Europa, los inicios de la Sociología de la Medicina también se produjeron durante la década de 1930, fundamentalmente en los países anglosajones, existiendo pequeñas experiencias aisladas en los francófonos (Francia, Suiza y Bélgica). Estos comienzos han gozado de un amplio desarrollo hasta la actualidad, sobre todo, en el Reino Unido encontrándose actualmente una amplia red de sociólogos en distintas estructuras del Sistema Nacional de Salud que aportan sus conocimientos para la solución de los problemas sanitarios.
Como podemos comprobar, esta especialidad que surgió en el primer cuarto del siglo XX, de una disciplina, la Sociología, creada durante el XIX, dirigió sus contenidos hacia la Medicina, una ciencia consolidada ya en la Grecia antigua, alrededor de la figura de Hipócrates (460 a 370 a.C.), y que se ha ocupado del estudio de la vida, las enfermedades y la muerte del ser humano, con un bagaje científico acumulado a lo largo de los siglos y un prestigio afianzado socialmente. En este contexto, la supeditación de la segunda a la primera estaba decantada y más teniendo en cuenta el lugar que ocupa el saber médico en el imaginario colectivo.
A partir de la década de 1960 y como consecuencia de las tesis estructural-funcionalistas elaboradas por Talcott Parsons y presentadas en su obra «The Social System» (1951), se inició una reflexión teórica que culminó con una nueva definición de enfermedad con mayor perfil sociológico, aunque de corte biologicista-positivista, y en la que se describieron las pautas de comportamiento adoptadas por las personas enfermas, identificándolas bajo el concepto de «rol de enfermo» (sick role). Según Parsons, este rol se aprendía e interiorizaba a través de los procesos de socialización primaria y conllevaba la existencia de una serie de derechos y obligaciones.
Los elementos centrales de la teoría parsoniana, en relación con la práctica médica se pueden resumir en los siguientes puntos: a) la enfermedad es un estado de perturbación en el funcionamiento «normal» del individuo, en parte biológica y en parte social, b) la práctica médica es un mecanismo del Sistema Social que se orienta a superar las alteraciones de la salud de los individuos, es decir, las enfermedades, c) existe un conjunto de pautas universalizadas que marcan la relación médico-enfermo, encontrándose entre las mismas las funciones manifiestas de control social por parte del médico. T. Parsons, en la obra citada anteriormente señalaba: «En una sociedad como la nuestra, la enfermedad es una expresión bastante estratégica de desviación: primero, porque nuestra cultura empuja al individuo medio a un nivel inusitadamente elevado de activismo, independencia y responsabilidad; y en segundo lugar, porque ella (la enfermedad) se relaciona muy estrechamente con lo residual de la dependencia infantil (…). Desde el punto de vista de la estabilidad del sistema social, el recurso demasiado frecuente a esta vía de escape presenta un serio peligro. Este es el primer contexto en el que pensamos en la enfermedad como un papel institucionalizado y su relación con la terapia como un importante mecanismo de control social».
En la cita anterior se desvelan ciertas claves en relación con la asimetría planteada por Parsons entre los roles del paciente y del médico. Por un lado, se encontraría el paciente que, según el autor, debe ser motivado a salir de su estado «desviado » mediante la búsqueda de ayuda técnica competente y a través de una plena confianza en el médico, lo que significa la total aceptación de la competencia profesional y una cierta pasividad por parte del enfermo. Por otro lado, estaría el médico que debería buscar el bienestar del enfermo, guiarse por reglas de comportamiento profesional, tenía el deber de ser objetivo y emocionalmente distanciado y debía aplicar la tecnología más avanzada. Este paradigma orgánico-funcionalista que tuvo relevancia en las sociedades occidentales modernas de la segunda mitad del siglo XX y supuso una perspectiva epistemológica ampliamente utilizada, se basó, al igual que la Medicina de la época, en una definición de salud mecanicista, biologicista y alejada de los planteamientos recogidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1946 donde la salud había sido entendida como «el completo bio-psico-social y no solamente la ausencia de enfermedad». En consonancia con sus planteamientos, Parsons mantuvo la supremacía de la Medicina frente a cualquier otro tipo de «saber científico», confiriendo a los médicos un status superior al asignarles funciones relevantes como las de «control social». Pero además, este pensador, obvió en sus aportaciones la interacción entre actores sociales y elementos propios de sus mundos vitales.
Destacados investigadores y estudiosos del tema han cuestionado la validez del «modelo biomédico » de corte parsoniano y más desde las últimas décadas donde las transformaciones sociales, las nuevas patologías o las viejas con perfiles novedosos y los cambios que viene produciendo la «Sociedad de la Información», exigen la conformación de equipos profesionales interdisciplinares, donde interconexionando distintos saberes, se trate de encontrar soluciones a los problemas que se nos plantean.
Conviviendo con las tesis estructural-funcionalistas parsonianas y también desde la corriente positivista, el paradigma materialista marxiano comenzó a introducirse en el ámbito de la Medicina con novedosas propuestas. Sus teóricos defendían la necesidad de incorporar al equipo de salud profesionales de distintas disciplinas, además de los hallazgos de la ciencia en otros campos del «saber». Sus puntos de reflexión fueron afianzándose, lo cual tuvo una impronta significativa en su aportación a la solución de los problemas sanitarios. Esta línea analítica mantuvo un desarrollo destacado a lo largo de las décadas de 1930 y 1940 en EE.UU, siendo sus representantes más eminentes Sigerist, Milton Terry y Bernhard Stern.
Para el marxismo, la Medicina, defendida como un conjunto de conocimientos y prácticas específicas, debía realizarse en relación con el resto de subsistemas que componen la totalidad social y con cada una de las instancias que la inte gran y que consisten en: una estructura económica (fuerzas productivas y relaciones de producción) y una superestructura (que comprende el ámbito jurídico, político y el ideológico). Existe un creciente número de autores que utilizando la metodología dialéctica están profundizando en el campo de la salud. Ahora bien, estos teóricos han abierto un amplio abanico de tendencias y posiciones que les conducen a explicaciones y estrategias divergentes en lo relacionado con la salud/enfermedad.
Una de las tendencias imperantes considera que la relación entre Medicina y sociedad se efectúa a través de las fuerzas productivas, lo cual se transfiere a la práctica mediante un proceso de retroalimentación. Stern lo expresaba de la siguiente forma «la Medicina, como ciencia y como profesión, está vinculada inextricablemente con el proceso social y el desarrollo científico en otros campos. El método tradicional de estudio de la Medicina como disciplina única, a adulterar la realidad ignorando la relación esencial de la Medicina con las condiciones socioeconómicas, las actitudes sociales predominantes y otras disciplinas científicas ». Desde los presupuestos anteriores, Medicina y fuerzas productivas se influyen mutuamente afectando el desarrollo de éstas últimas a los progresos en el área de la salud y siendo los avances de la Medicina quienes impulsan las fuerzas productivas. Esta tendencia, dentro de la corriente marxista, ha sido calificada como «evolucionista» y «positivista», aspectos recogidos por sus teóricos en sus reflexiones. Así, entre otros, tanto Sigerist como Stern atribuyen una destacada importancia al desarrollo tecnológico y, más concretamente, a su aplicación en el ámbito de la salud y la lucha contra las enfermedades.
Otra segunda línea de reflexión la representan los teóricos encuadrados en la Teoría Crítica de la Sociedad, también conocida como Escuela de Frankfurt. Sus integrantes defienden un pensamiento dialéctico inspirado en Kant, Hegel, Marx y Schopenhauer, asignando en sus teorías un papel destacado a la ideología, la conciencia, la legitimación y al rol mediador de las instituciones y las ideas. Respecto a la relación individuo-naturaleza- sociedad acentúan la dependencia de la segunda en relación con la tercera.
Contrapuesta a la tradición positivista, los frankfurtianos postulan que no existe la posibilidad de captación directa de «lo empírico» y, por esta razón, consideran que la mirada positivista se encuentra mediana por la sociedad. Si no se tiene en cuenta esta medición, los autores incluidos en la Teoría Crítica, sostienen que sólo se perciben apariencias. Estos pensadores no niegan la observación directa sino su primacía como fuente de conocimiento. Para la Teoría Crítica el interés impulsado por la Ciencia debe ser el emancipatorio.
Investigadores pertenecientes a esta corriente de pensamiento comenzaron a profundizar en la Medicina y su relación con la sociedad en el decenio de 1970, siendo sus máximos representantes en este campo J. C. Polack quien en 1971 publicó «La Medicina del Capital» y G. Belinguer, opuesto a las tesis de Polack y que en 1973 expone sus propuestas en la obra «Medicina y Política».
La tercera Escuela, dentro de la corriente marxiana, cuyas reflexiones abordan el ámbito de la Medicina es la Estructuralista y su consolidación y extensión vienen produciéndose en las últimas décadas como una orientación metodológica singular y novedosa. Unos de sus teóricos más destacados, que interrelaciona lo cuantitativo con lo cualitativo, fue Michel Foucault quien adoptó la Medicina como uno de sus objetivos privilegiados de estudio. Este pensador formuló una propuesta crítico-estructural que delimitaba una «arqueología del saber» (refiriéndose a la jerarquización existente en el ámbito del conocimiento) y una «arqueología de las formas de poder» (detallando los elementos a través de los cuales se organiza el poder). En ambos casos, identificó en el interior de las mismas dos tipos de discursos que las sostenían: los institucionales reconocidos y privilegiados socialmente y los discursos de «lo otro», es decir, los «del poder» que, a su vez, permite que se legitime un tipo de saber sobre otro y los «del silencio». Los enfermos, locos y otros colectivos en situación similar pertenecerían según Foucault al segundo tipo de discurso, mientras la Medicina y sus profesionales se situarían en el primero. Pero es más, este pensador también elaboró una teoría explicativa de los mecanismos que a lo largo del tiempo han convertido a grupos sociales en subordinados y dependientes. Siguiendo al estructuralista francés estas serían las técnicas incluidas en este proceso que conduce a la subordinación y a la dependencia: de exclusión, de limitaciones, de ausencia de opciones y de actitudes de presión. A través de las mismas, se desarrollaría una dicotomía que perpetúa la taxonomización en el mundo de la Medicina entre otros. Michel Foucault, fue un pensador cuyas propuestas han sido ampliamente controvertidas y, sobre todo, dentro de las corrientes materialistas-marxianas. Sin embargo, también debe destacarse que durante las últimas décadas viene siendo utilizado ampliamente por grupos de investigadores encargados del estudio de las desigualdades y la exclusión social.
Asimismo y desde las corrientes positivistas contemporáneas de la Sociología, en las últimas décadas ha vuelto a resurgir una Escuela que, basándose en el funcionalismo sistémico parsoniano, ha planteado una propuesta teórica utilizada ampliamente en la actualidad por los equipos interdisciplinares de salud para la búsqueda de alternativas a los problemas sanitarios actuales. Su impulsor fue Niklas Luhmann, discípulo de Parsons, de quien recogió el concepto de «Sistema». Ahora bien, lo modifica sustancialmente y lo dinamiza al incorporarle los contenidos de las matemáticas y la cibernética. Desde sus presupuestos el enfoque de Sistemas de Luhmann aporta dos cuestiones fundamentales: a) Los elementos de la globalidad se encuentran totalmente interrelacionados entre si, b) elabora un nuevo modelo de causalidad al introducir el «feed-back» en el Sistema.
Respecto del modelo causal, Parsons había mantenido una causalidad lineal donde, identificando la causa y actuando sobre la misma, se modificarían los efectos. Niklas Luhmann sostiene que en las sociedades complejas se hace necesario incorporar un modelo circular a través del cual se amplían a tres los procesos implicados en las relaciones entre los elementos causa-efectos-causa. Para este científico social, los procesos no tienen un principio ni un fin definido, causas, efectos y funciones se encuentran interrelacionados por «feed-backs». Este pensador también profundiza en el concepto de «autopoiesis» procedente de las Ciencias Biológicas y definido por Maturana y Valera, trasladándolo a los sistemas sociales. Con estos materiales en 1984 publica la obra «Sistemas Sociales: Lineamientos para una teoría general» (1992) donde se profundiza en determinados conceptos centrales para la Sociología y utilizados hasta ese momento desde corrientes hermeneúticas cualitativistas. Este es el caso del término «sentido» de la acción social al cual Luhmann le proporciona un enfoque cuantitativo ampliamente utilizado en la actualidad en el ámbito de la Ciencia en general.
La Teoría de Sistemas se ha considerado en las últimas décadas el esquema analítico más adecuado para captar la complejidad de las sociedades actuales.
1.2. La Sociología de la Medicina en España.— A diferencia de los países anglosajones, el desarrollo de la Sociología de la Medicina en España ha sido tardío y está teniendo escasa presencia fuera del propio ámbito de la Sociología. Si tenemos en cuenta el contenido de la materia, las referencias a la misma son prácticamente nulas con anterioridad a la década de 1970. Los cursos, publicaciones y trabajos de campo sobre las enfermedades, la sanidad y la organización sanitaria estaban realizados por médicos, historiadores, filósofos, economistas o demógrafos con escaso o confuso planteamiento sociológico, aunque todos ellos se refiriesen a la importancia de los elementos sociales a la hora de analizar la salud-enfermedad o la historia de la Medicina.
No obstante, es al investigador Severino Aznar, a quien se le reconoce el mérito de posibilitar el tránsito hacia la creación de la Sociología de la Medicina en España, imbuido por el contexto anterior afirmaba en 1946 «La Medicina social y la higiene social enlazan, ya sólo con su nombre, la función del médico y del higienista con la función del sociólogo. Podrían llamarse estas ciencias Sociología Médica o Sociología de la Higiene». Como se puede comprobar, el equívoco radicaba en confundir la Sociología de la Medicina con la Medicina Social, un error mantenido a lo largo del tiempo. Pero es más, esa falta de integración de «lo social», situación mantenida en parte todavía actualmente, retardó la solución de los problemas de salud ya que al ser multicasuales desde su origen, necesitaban de los saberes de equipos interdisciplinares y más cuando nos referíamos a sociedades complejas. El Profesor Don Pedro Laín Entralgo tras releer los textos de Sociología de la Medicina en Estados Unidos, escribía: «pregúntese si es aceptable la casi total inexistencia de trabajos acerca de este campo entre los estudiosos de nuestro país y la ausencia de esa disciplina en nuestras facultades médicas». Como podemos comprobar, este pensador y estudioso del tema aventuró la primera alerta sobre las consecuencias que podrían derivarse de haber obviado la aportación de «lo social » en el campo de la salud.
En este contexto, durante la etapa anterior, el objeto de la Sociología de la Medicina dejó de centrarse en «lo social» para ocuparse de «las enfermedades con base orgánica» producidas en un ambiente y sistema determinado de relaciones sociales. Consecuentemente, el espacio científicoprofesional de los sociólogos se centró en la aplicación de la Ley Universal Causal con la que trataron de encontrar los elementos causales de las enfermedades, teniendo en cuenta las características del propio medio ambiente.
Desde la perspectiva señalada, la definición de enfermedad se sustentó básicamente sobre una terminología médica pero escasamente sociológica. Por ello, más que Sociología de la Medicina lo que se consolidó fue una Medicina Social. Los textos publicados en el ámbito sociológico hasta la década de 1970 también apuntaban dicha orientación percibiéndose, a través de sus contenidos, una supeditación de la Sociología a la Medicina, sin embargo, el cambio comenzó a producirse. Primitivo de la Quintana en 1966 describe la opinión de la Escuela de Sanidad Nacional ya posicionada en la necesidad del cambio y manifiesta: «es conveniente mantener unidos los conceptos de Medicina social y Sociología médica como capaces ambos de incluir toda la problemática deseable (…) finalmente, diremos que la sociología médica podrá identificarse en muchos momentos con la Medicina social, pero la trasciende en aquellos aspectos que se refieren al estudio sociológico de la institución médica, de las relaciones humanas a que da lugar, de la organización y funciones de centros y servicios, así como en algunos problemas tecnológicos y de estructura comunitaria».
También el doctor Gerardo Clavero, Secretario Técnico de la Dirección General de Sanidad, subrayaba en 1972 la trascendencia de dicho cambio y planteaba una visión novedosa basada en la definición de salud de la OMS «la importancia dada a lo social es terriblemente escasa, y ello se debe, a nuestro juicio, a la formación biológica y organicista que se imparte preferentemente en las escuelas de Medicina; en ellas el ser humano enfermo constituye un objeto que es sometido a inspección, palpación y restantes facetas de la semiología, amén de ser diagnosticado somáticamente y provisto de una prescripción. Es obvio que el buen juicio del médico muchas veces compensa el fallo informativo (…). Una ciencia, la Sociología está creciendo desde hace 150 años y su doctrina duerme en anaqueles esperando que los médicos y los sanitarios configuren una Sociología Sanitaria que, desde luego, no pueda confundirse con la Epidemiología, hija de la demografía. La aprehensión de los conceptos y del método sociológico nos parece una premisa fundamental para que la definición de la OMS pase a ser un principio general y un flatus voci en la etapa de opositor». Esta percepción de la salud exigía la necesidad de incorporar una novedosa perspectiva donde, la persona, debiera ser considerada como un todo, en el que lo psíquico, lo biológico y lo social se interconexionan y los roles vienen dados por el medio en el que nace y se desarrolla la persona. Además, se habían comenzado a desdibujar las fronteras entre salud y enfermedad, haciéndose referencia a la existencia de un continuum por el que transcurre continuamente la vida. Las respuestas a estas demandas exigían la potenciación de equipos interdisciplinares de salud donde el ser humano fuese el elemento primordial y al que le dirigiesen los «saberes» del conjunto de disciplinas que los conformaban, entre las mismas, la Sociología. Ello, finalmente, viene produciéndose desde finales de la décadas de 1990.

II. Sociología de la salud. 2.1. Bases y Teorías para el cambio hacia la Sociología de la Salud.— Hacia la década de 1970 un tercer paradigma, que incluye la etnometodogía y el interaccionismo simbólico, comenzó a introducirse en el ámbito de la Medicina. Sus presupuestos iniciales parten de la hermeneútica de Max Weber y de los elementos «del mundo de la vida» definidos por Husserl. Su perspectiva analítica la sitúa dentro del ámbito de la microsociología y su pretensión es aportar metodologías y técnicas cualitativas para el análisis del sistema sanitario y sus usuarios a través de las cuales se recogiera cómo las personas viven su experiencia de la enfermedad en su vida cotidiana. Entre los científicos sociales incluidos en esta línea de pensamiento se encuentran Garfinkel y Schutz por las corrientes etnometodológicas y E. Goffman por el interaccionismo simbólico.
Garfinkel y Schultz concentraron sus aportaciones en lo que se entiende por «la acción orientada hacia los otros» y para elaborar sus tesis realizaron análisis a pequeños grupos utilizando la interacción y contextualizándola en la relación entre dos individuos que comparten una misma vivencia. Erving Goffman es un científico social que, desde el interaccionismo simbólico y utilizando las proposiciones de la Sociología de la vida cotidiana, ha profundizado en las «interacciones» que se producen en una «situación dada» y ello dentro del ámbito sanitario. Desde esta perspectiva, la teoría sociológica de Goffman se denomina de la «copresencia», es decir, aquello que sucede cuando las personas se encuentran en presencia de otras. Lo que ha pretendido estudiar es la estructura de las interacciones sociales y de los individuos en la vida cotidiana. Siguiendo con este autor, la situación social es un «escenario» en el que se llevan a cabo «actuaciones», siendo necesario, para el análisis sociológico desde este paradigma, descubrir las apariencias, es decir, la máscara de la persona y no su propio planteamiento. En su texto Estigma introduce el concepto de «desviado normal» que parece plenamente aplicable al rol de enfermo y en su obra «La presentación de la persona en la vida cotidiana» realiza un posicionamiento antifuncionalista. Cuando se refiere a las limitaciones del concepto de homeostasis de T. Parsons afirma: «El tradicional punto de vista sobre el control social asume una versión mecanicista irreal de lo que es el acto social». Goffman se ha interesado ampliamente por los análisis dinámicos de procesos y cambios. Por esta razón y en el proceso de salud-enfermedad, analiza la evolución de la persona desde la que se considera normalmente sana hasta la que se transforma en enferma (paciente); profundizando en todos los procesos de degradación a los que se somete a las personas hospitalizadas. Este científico social considera que el poder supremo de la profesión médica es la (posible) utilización indiscriminada de la etiqueta de «enfermo» y a la que él denomina «estigmatización». Para Goffman, los médicos no descubren que una persona está enferma sino que son ellos quienes, propiamente, transforman a una persona en enferma.
Realizando una síntesis de la obra del autor vemos que presenta una preocupación por las disfunciones del sistema y sus efectos latentes; nos plantea la posibilidad de un doble personaje: el que es y el que actúa; considera la existencia de un triple control; el personal, el social informal y el social formal. Además, presenta un modelo de desviación social no institucionalizado y donde aparecen «conspiraciones» entre los roles de enfermo, profesionales de la Medicina y familiares del paciente.
2.2. Sociología de la Salud como respuesta al Modelo Interdisciplinar de Salud.—Como se analizó anteriormente, el modelo biologicista en el ámbito de la salud ha recibido críticas profundas en las últimas décadas, planteándose la necesidad de reconfigurar uno nuevo. Lo mismo ha ocurrido con la especialidad de Sociológica de la Medicina, la cual ha pasado a denominarse Sociología de la Salud, debiéndose ocupar concretamente de las dimensiones socioculturales en cuanto a las prácticas relacionadas con la salud en cada cultura o sociedad.
La Sociología de la Salud supone una nueva mirada dirigida hacía el proceso salud-enfermedad, enfocándolo hacia «lo social» y entendiéndolo como un continuum por donde transita el individuo a lo largo de la vida. Supone la necesidad de trasladar la atención sanitaria de la red hospitalaria a la comunidad, planificando diferentes niveles de prestación de servicios y de actividades concretas que vayan desde el fomento de la salud hasta el tratamiento de las enfermedades prevalentes. Supone interiorizar los cambios que vienen produciéndose en cuanto a las tipologías de enfermedades. Supone valorar la potencialidad de los hallazgos relacionados con el genoma humano que permitirán elaborar tratamientos «a la carta» dependiendo de las características genómicas del individuo. Supone potenciar equipos interdisciplinares de salud donde cada profesional, ya sea psicólogo, ingeniero, médico, jurista, sociólogo, dependiendo de su área de especialidad aporten sus conocimientos para encontrar soluciones pertinentes a los problemas de salud a los que nos enfrentamos. La Sociología de la Salud, desde una perspectiva interdisciplinar, interrelaciona paradigmas y metodologías positivistas y hermenéuticos, para la reflexión y análisis de la salud y todo lo que conlleva el ámbito sanitario. Supone, en dos palabras, apostar por la salud y por la vida.

Véase: Enfermedad, Enfermería y bioética, Multidisciplinaridad e interdisciplinaridad, Oms, Derechos del paciente, Paternalismo, Salud.

Bibliografía: DE MIGUEL, J.M., Sociología de la Medicina, Vicens-Vives, Barcelona, 1978; PARSONS, T., The Social System, The Free Press, Glencoe, Illinois, 1951; STERN, Society and Medical Progress, Princeton University Press, New Jersey, 1941; AZNAR, S., «La Medicina Social y la Sociología», Revista Internacional de Sociología, núm. 15-16, Madrid, 1946; TEZANOS TORTAJADA, J.F., La explicación Sociológica: Una Introducción a la Sociología, UNED, 3.ª Edición, Madrid, 2006; LAÍN ENTRALGO, P., La Medicina actual, Seminarios y Ediciones, Madrid, 1973; DE LA QUINTANA, P. «Sociedad, cambio social y problemas de salud», Discurso en la Real Academia Nacional de Medicina, Madrid, 13 de diciembre de 1966; CLAVERO GONZÁLEZ, G., «Nociones de Sociología Sanitaria», Revista de Sanidad e Higiene Pública, núm.46, Madrid, 1972; GOFFMAN, E., Estigma, Editorial Amorrortu, Buenos Aires, Argentina, 1993.


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